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| Saber
que un cabal conocimiento y comprensión de nuestras Hermandades
debe huir de las descripciones metódicas y los conceptualismos
academicistas, supone un punto de partida desde el que afirmar
que nadie debe pretender ni encerrar en unas líneas, ni escrutar
entre los límites de una definición, a modo de fórmula alquímica,
el espíritu del Calvario. |
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La compulsión consumista de adquirir con rapidez incluso los conocimientos;
de, en lugar de dejarnos poseer por lo que nos envuelve, controlar
cuanto nos rodea y creer así, ingenuamente, que todo nos pertenece,
tiende a encerrarlo todo crípticamente en unos conceptos fáciles
de manejar y transmitir, incorporados a esa "cultura" de lo insustancial,
de lo no vivido realmente.
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| La
Hermandad será en cada cual un distinto reflejo de lo mismo, una
particular forma de vivir la devoción que, a su vez, será tan
diversa, profunda y compleja como pueden serlo las emociones en
cada persona. Si nos empeñamos en objetivar algo, tal vez sea
ése el camino, el de fijar nuestro punto de encuentro en una suma
de emociones tan diversas como las personas que pertenecen a la
Hermandad y que se identifican con un ser y actuar nacido sólo
de la respuesta que damos a la mirada de nuestros titulares. De
ahí, del contacto diario con nuestras imágenes, del paciente y
respetuoso ver y aprender el natural actuar de nuestros más antiguos
hermanos; del no esperar nada fuera de la cercanía de cada viernes
con nuestro Cristo y nuestra Virgen; del dejar salir libremente
las emociones del encuentro con Dios sacrificado; del sobrecogedor
diálogo entre el corazón y la cruz, van saliendo los verdaderos
motivos de nuestra pertenencia a la Hermandad, al tiempo que surje
en cada uno el sentimiento de ser una pequeña parte de la misma
que sin embargo tiene en ella un sitio exclusivo y preciso.
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| No
debéis fijaros en nada más; ni en el silencio ni el ruán; ni en
la tiniebla ni en el esparto; lo primero es el escalofrío natural
y terrible del encuentro cara a cara de cada uno con la cruz y
el dolor, y lo demás vendrá si tiene que venir, cuando tenga que
venir. |
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| No
hay secretos ni mensajes ocultos; sólo sentir el efecto de esa
conmoción honda, de ese encuentro sincero y solitario con Cristo
en el Calvario y con el dolor y desconsuelo de su Madre. Si no
has podido vivir nuestra madrugada, basta para comprenderlo todo
con un rato en la soledad de la capilla. Tras ese encuentro sobrará
casi todo; las formas vacías, los discursos floridos y hueros,
cualquier afectación y artificio; todo cuanto estorbe a la proximidad
protegida por la devoción. Nadie habrá de mandaros callar, porque
no querréis hablar sino con Dios y vosotros; huiréis de cuanto
estorbe a lo que verdaderamente os vincula a la Hermandad: el
asombro interminable de descubrir cada día la gran paradoja de
un Dios que, derrotado y muerto, vence a la derrota y la muerte,
y junto a él, la cercana ternura inagotable y el consuelo silencioso
de su Madre. |
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