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Cuando,
en 1.794, se cierra la ruinosa parroquia de San Ildefonso con
el traslado del Santísimo a la vecina parroquia de San Nicolás
de Bari, ya hacía tiempo que la antigua Hermandad de los mulatos
había dejado de existir, habiéndose adueñado la fábrica parroquial
de todos sus bienes por la cuantiosa deuda de la extinta Cofradía.
El precipitado desalojo del templo provocó la distribución de
altares e imágenes por diversos domicilios de la collación.
El crucificado de los mulatos - Imagen que hoy conocemos como
Cristo del Calvario - fue vendido en 1.799, "por no tener donde
colocarlo", a la Santa Escuela de Cristo de la Natividad, cuyo
templo se encontraba en la calle de los Encisos, para presidir
su nuevo altar. Muy pronto comenzó la reconstrucción del nuevo
templo parroquial de San Ildefonso y cuando se inauguró, en
1.816, se echó en falta la venerada Imagen del Crucificado,
por lo que el párroco, D. Matías Espinosa, promovió su recuperación,
lo que consiguió, después de un enconado pleito, en 1.818.
Posteriormente
el párroco, para satisfacer la demanda de los feligreses que
querían tener completo su altar del Calvario, colocó la dolorosa
de la Presentación y San Juan junto al crucificado, que comenzarían
a recibir frecuentes cultos.
El
movimiento devocional que se produjo en torno de estas Imágenes
cristalizó finalmente, en 1.886, con la reorganización de la
antigua Hermandad, realizada sobre unas bases sociales y económicas
distintas que nada tenían que ver con la antigua cofradía étnica
de los mulatos, ahora formada por individuos pertenecientes
a grupos sociales intermedios con tendencia al ascenso social.
Inicialmente
la Cofradía saldría a la calle, el miércoles Santo, con un solo
paso con la representación iconográfica del Calvario para, a
partir de 1.895, desdoblarlo en dos en los que terminarían apareciendo,
de forma aislada, el Cristo del Calvario y, bajo palio, la Virgen
de la Presentación. La Cofradía se consolidaría finalmente en
la madrugada, a partir de 1.899, después de un pleito de precedencia
que mantuvo con la Hermandad de la Esperanza de Triana.
Paulatinamente
la Hermandad iba adquiriendo el severo estilo que hoy la caracteriza
a lo que también contribuyó el encargo del singular paso de
Cristo de Farfán, en caoba en su color, primero de los de estas
características estrenado en Sevilla.
En
1.908 la Hermandad se traslada a la Capilla de San Gregorio
donde se forjaría el gran proyecto de reforma del paso de la
Virgen de la Presentación, obra de Juan Manuel Rodríuez Ojeda,
estrenado ya en la Semana Santa de 1.916, en la que, tras la
salida de San Gregorio, la Cofradía se dirigió hasta su sede
actual en la Parroquia de la Magdalena, a donde llegó con los
rasgos esnciales de su actual carácter ya configurados.
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