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El
origen de la Hermandad del Calvario hay que buscarlo en la antigua
Hermandad de los mulatos de Sevilla, también conocida como Hermandad
de la Presentación de Nuestra Señora.
Sevilla, que disfrutaba de un enorme protagonismo económico
y político en el último tercio del XVI, convertida por su vinculación
americana en puerto y puerta de Indias, disponía de una importante
población de mulatos, esclavos y libres, que se concentraba
geográficamente en el barrio de San Ildefonso. Este grupo, sobre
el que pesaba la marginación racial, social y económica, como
expresión de una auténtica conciencia religiosa y, también,
como forma de integración social, de emulación y para desenvolverse
como colectivo fundó, en 1.571, la Hermandad de la Presentación
de Nuestra Señora en el Hospital de Nuestra Señora de Belén.
Muy poco tiempo después se trasladaría a la Parroquia de San
Ildefonso donde quedaría establecida su sede definitiva.
El
carácter de la institución era consecuencia de la condición
de los individuos que la formaban. Se trataba de una corporación
cerrada que solo integraba a mulatos que, por su humildad y
desamparo económico, tuvo una difícil economía.
La
cofradía de la Presentación de Nuestra Señora, cofradía penitencial
desde sus orígenes, vivió su etapa de esplendor consiguiendo
edificar su Capilla, en 1.585, contigua a la Iglesia Parroquial.
A
partir de mediados del XVII el protagonismo económico de la
ciudad sufría un franco retroceso sobre todo por el progresivo
traslado del tráfico americano a Cádiz y la población sevillana
quedaría fuertemente reducida como consecuencia de la gran epidemia
de 1.649; en consecuencia la cifra de la población mulata no
hizo, desde entonces, más que disminuir lo que se constituyó
en la causa fundamental de la decadencia de una hermandad cerrada
a los blancos.
En
lo que se refiere a las Imágenes, la hermandad contó inicialmente
con una dolorosa de vestir, la Virgen de la Presentación y un
Ecce Homo, a las que se añadió, a finales del XVII, un crucificado
que, por su valor artístico, se convertiría en su devoción principal.
Sabemos,
por otra parte, que la cofradía, que salía a la calle en la
tarde del miércoles santo - aunque también consta que procesionó,
de forma ocasional, el jueves - sacaba originalmente dos pasos:
el Ecce Homo y la dolorosa de la Presentación bajo palio; a
partir de fines del XVII, la cofradía incorporaría un tercer
paso con la Imagen del Crucificado.
Conforme
avanza el XVIII son claros los síntomas de decadencia de la
Hermandad: disminuye, de forma progresiva, el número de hermanos;
aumenta, considerablemente la conflictividad interna y se hace
insostenible la situación económica, creciendo, de forma desmesurada
la deuda de la Corporación con la Parroquia de San Ildefonso,
perdiendo de forma sucesiva sus bienes, de los que quedarían,
tan solo, las Imágenes.
A
mediados del XVIII la hermandad cuenta con un muy reducido número
de hermanos, cesando su actividad en el último tercio de dicho
siglo. Con el derribo, en 1.794, del antiguo templo parroquial
desaparece la hermandad de los mulatos cuando lo hace la minoría
étnica que la fundó.
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